El Carmolí se quita el asfalto de encima y las veredas de siempre vuelven a ser camino
Por Redacción I Love Mar Menor · publicado el

El Carmolí es de esos sitios que llevan media vida esperando a que alguien se acuerde de ellos. Un humedal a los pies del cabezo, entre Los Urrutias y Los Alcázares, con una antigua pista de aterrizaje militar encima. Pues la pista ya no está: se han retirado más de 8.000 metros cuadrados de pavimento para devolver suelo natural.
Ahí va a ir una charca-refugio para el fartet, el pececillo de agua salobre en peligro de extinción que resiste en los humedales del Mar Menor. Las obras, dotadas con 848.000 euros, incluyen además la retirada de flora invasora y la plantación de más de 18.000 ejemplares de especies autóctonas, con protectores para que agarren.
Antes de todo esto hubo un paso que se cuenta poco: la Comunidad expropió más de 300 hectáreas que el Ministerio de Defensa había usado como zona militar, para evitar que acabaran en manos privadas. Sin eso, no habría restauración que valga.
En paralelo avanza la otra pata, la de las vías pecuarias. Son las coladas y veredas por las que se movía el ganado, quince de ellas en el entorno de la laguna, con cuarenta paneles informativos nuevos y trabajos de restauración en tres especialmente emblemáticas: la Colada de la Rambla de Trujillo, la de Cantarranas y la de Fontes.
No es solo paisaje. En las ramblas se plantan tarayales y matorral (Tamarix boveana, Tamarix canariensis, Atriplex halimus) que sujetan el suelo, filtran las escorrentías y frenan sedimentos y nutrientes antes de que lleguen al agua. En los senderos, pinos, algarrobos, acebuches e higueras que dan sombra y conectan hábitats.
Entre las dos actuaciones, la inversión ronda el millón de euros. Y el resultado, si sale como está previsto, es un Carmolí paseable y unos caminos viejos convirtiéndose en filtros verdes. Dos cosas que llevaban tiempo sin ir de la mano.
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